Durante las próximas semanas, trabajaremos con el cuento "La autopista del sur".
Para acceder a la lectura del cuento, pueden hacer click acá.
Les dejo, también, una versión oral:
Este blog funciona como archivo de los materiales de trabajo y las consignas de escritura con que los estudiantes del taller experimentan durante el curso 2021. Los talleres de Lectura y Escritura Creativa forman parte de la oferta de la Universidad de Adultos y Adultos Mayores de la Municipalidad de Morón desde el año 2018.
Durante las próximas semanas, trabajaremos con el cuento "La autopista del sur".
Para acceder a la lectura del cuento, pueden hacer click acá.
Les dejo, también, una versión oral:
Continuamos, luego del receso de invierno, con la lectura de Cortázar. En esta oportunidad, vamos a leer el cuento "Casa tomada".
Les dejo una versión oral, con la propia voz del autor:
DON FULGENCIO
Ese domingo, como todos los demás, fuimos a la plaza. La mañana de los domingos la plaza tiene un encanto particular, especialmente si es temprano. Por lo general, no hay gente y es así que uno puede adueñarse de todo.
Disfruté mucho viéndolo andar en bicicleta (tal vez porque fui yo el que le enseñó) y correr como si no le costara. Le propuse tirarse por el tobogán construido con un enorme y zigzagueante tubo, pero se negó. Para animarlo tuve la desafortunada idea de hacerlo yo. La noche anterior había llovido copiosamente y el tobogán / tubo estaba empapado. Cuando advertí el error que había cometido, ya era tarde. Solo me quedaba un camino y era completar el recorrido y asumir el despropósito, pero no fue fácil, ya que en la segunda curva quedé atorado sin posibilidades de continuar y mucho menos de retroceder. Pensé en gritar pidiendo ayuda, pero la plaza estaba desierta.
En eso, sentí unos pies que apoyados en mis hombros me empujaban librándome del aprieto. Fue así que pude llegar, no sin antes llevarme un desagradable sorpresa, ya que el último tramo es horizontal (no tiene caída) y tenía veinte centímetros de agua acumulada que tuve que sortear sentado.
Llegamos de regreso a casa tal y como si hubiéramos estado nadando en la laguna de Chascomús. Una vez en casa, y mientras me mudaba de ropa, sentí la felicidad de un niño. Mi señora, menos bonito, me dijo de todo.
"Después del almuerzo" cuenta la historia de un chico joven obligado por sus padres a pasear en el centro con “él”. Este segundo individuo no es descripto. Ignoramos por completo cuál es su naturaleza (su aspecto, su condición física y moral, etc.)
El mecanismo más evidente utilizado en
ese cuento es el vacío de información. Ya desde el principio,
resulta llamativo el hecho de que la presentación del narrador sea tan laxa.
Tenemos una sola referencia espacial (“en mi cuarto”), una indicación temporal (“después del almuerzo”) y el elemento principal de la acción “tenía que
llevarlo de paseo”.
Es gracias al punto de vista interno y
al registro de lengua que podemos componer una identidad del narrador:
corresponde a un preadolescente que estudia, recibe la autoridad de sus padres,
tiene interés en su par de zapatos amarillos… y podemos deducir algunas
características físicas y morales de sus padres.
En cambio, a lo largo del cuento, el
otro personaje aparece para el lector como algo desconocido, algo cada vez más
misterioso que no encaja con uno de nuestros referentes normales. Al contrario,
la apariencia y naturaleza de “él” está totalmente asimilada por los
personajes. Hay un desfasaje entre las informaciones que tienen y las que
nosotros lectores tenemos. Lo que es evidente para el narrador, sus padres y su
tía nos crea un misterio, una extrañeza que ellos no sienten. Hay una
diferencia de percepción entre los personajes y los lectores que nos lleva en
una incertidumbre constante.
Esta ocultación voluntaria genera
curiosidad en el lector, que intentará, por una razón natural,
caracterizarlo e identificarlo. No parece ser un animal por tener
unas conductas humanas como subirse en el metro, sentarse en un banco, comer
maníes y caramelos o abrir la ventanilla. Pero tampoco puede ser un humano
porque pasó “esa cosa horrible con el gato de los Alvarez” y porque se
percibe como un peso difícilmente controlable: “para que molestara menos”,
tiene que agarrarle, “tironear con todas mis fuerzas”. Es una
impresión reforzada por los consejos de su tía: “Y no te olvides de darle un
poco, es preferible.”
Ese problema al momento de identificar
la naturaleza de esa cosa extraña crea un ambiente siniestro que utiliza
Cortázar mezclando nuestras referencias conocidas con lo extraño, lo anormal.
Hay una duda constante sobre la
naturaleza de “él”, lo cual dispara muchas ambigüedades: el propio
término de “llevarlo a pasear” puede referirse a una mascota, una persona
anciana, enferma, niña, es decir dependiente de los demás, o alguien
constantemente encerrado… También, Cortázar finge darnos indicios añadiendo la
posibilidad de su contrario: “las palabras no las escuchaba o se
hacia el que no las escuchaba”. Además, está presente el recurso de fuentes
exteriores en las cuales el narrador se apoya para saber, sacarse de esa duda
que también tiene: “un día alguien había contado que era capaz de…”
El registro fantástico del cuento esta
creado por esta confusión de incertidumbre al identificar “lo” y se refuerza
con el comportamiento de las personas “normales” hacia él. El narrador teme el
encuentro con la masa y su reacción hacia “él”. Al no poder esquivarla en el
metro, desarrolla un gran estrés: “tenía miedo de oír alguna exclamación o
un grito”, “estaba con los nervios de punta”. Para nosotros, lectores, demuestra una cierta responsabilidad que parece pesar sobre los
hombros del preadolescente. Su aprehensión y su miedo están descritos de manera
detallada, hay una voluntad de llevar al lector en esa tensión que siente el
protagonista. Además, se aumenta con la constante preocupación del narrador de
llamar la atención hacia ellos. Esa molestia de la mirada está omnipresente
durante todo el paseo por la ciudad: el preadolescente destaca la hesitación de
los guardas o las reacciones de la gente “le hacia algún comentario a
otro, o se pegaban con el codo para llamarse la atención”. Pero vuelve a
ser una verdadera obsesión, una aprehensión instintiva: anticipa sobre las
personas que eventualmente podrían ser testigos de una escena o esquiva la
atención hasta cuando no está con “él”. La sensibilidad del narrador subraya el
traumatismo que le han causados los paseos con ese sujeto extraño y nos crea
casi un sentimiento de piedad hacia el preadolescente.
Aquí está toda la inteligencia de la obra de Cortázar. Con una simple evocación y la narración interna de un personaje frágil, el lector entra en el registro del siniestro, siente tensión, aprehensión, miedo, misterio, hesitación, compasión.
Texto adaptado de https://emiliakiara.wordpress.com/2013/03/17/cuento-despues-del-almuerzo-julio-cortazar/
Durante las próximas clases, vamos a trabajar con algunos cuentos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges y analizaremos algunos recursos a los que estos autores echan mano.
Para comenzar, leeremos el cuento "Después del almuerzo" de Julio Cortázar.
Mi barrio
Hace muchos años, cuando era adolescente, viví en Capital en un barrio que se llamaba Villa Crespo y ahora es Palermo Queen, en una calle que se llamaba Canning y ahora es Scalabrini Ortiz, donde las casas antiguas con la ventana del living en la línea municipal se han convertido en restó de cocineros con nombre propio y los negocios de cueros de la comunidad armenia pasaron a ser outlets de marcas reconocidas.
Mi departamento quedaba a mitad de camino entre dos avenidas, Corrientes y Santa Fe, y una salida de sábado a la tarde podía ser caminar con una amiga hacia cualquiera de ellas a “ver vidrieras”, tomar un helado o un café con leche con medias lunas, si era invierno, y volver en el colectivo. También era el recorrido entre el colegio de monjas al que iba y mi casa. Cuadras con muchos plátanos que se ponían difíciles para mi alergia en algunos momentos del año, con vecinas que salían a barrer las veredas y pibes jugando a la pelota o charlado y diciendo alguna cosita medio subida de tono cuando pasaba con mi jumper y mis medias tres cuartos.
Era un barrio multicultural, convivíamos argentinos, hijos y nietos de españoles e italianos, armenios, árabes y judíos. Había negocios de cada colectividad y era una exquisitez probar las comidas típicas cada vez que alguno tenía su festividad. O ir a conversar con el religioso armenio que vivía en el tempo y nos preparaba café con “borra”.
No sé cómo será vivir ahí en este momento. Creo que se ha transformado en algo más comercial y hasta turístico. La gente lo toma como una salida recreativa, otros para comer o hacer una rica merienda, incluida yo misma.
AURRIEDI DIEZ
Mis abuelos paternos llegaron a la Argentina a principios del siglo pasado procedentes de Cástaras (un pueblo Andaluz próximo a Granada), se radicaron en América (un pueblo de la Provincia de Bs. As. del Departamento Rivadavia próximo a La Pampa) y se ganaron la vida como trabajadores rurales.
En 1909 nació mi papá y a los pocos años se radicaron en el barrio de Villa del Parque en Capital. Mi papá, con diez años, tuvo que adaptarse a un cambio brusco. Rápidamente hizo amigos y aprendió a jugar al AURRIEDI DIEZ un fascinante juego traído de la mano de los chicos que pertencían a las familias inglesas que trabajaban en el Ferrocarril.
Lo que no podía suprimirse era el protocolo antes de iniciarse el juego: uno decía en alta voz "aurriedi" y el ocasional adversario respondía "diez". Pasado el tiempo, mi papá (inquieto él) quiso saber cuál era el origen de esa fórmula que los chicos argentinos respetaban para no verse privados de semejante diversión. Le costó poco. El juego era, ni más ni menos que el Fútbol, y lo que decían los ingleses era: "all ready?" y la respuesta era "yes".
Nueva Pompeya
Mis primeros años transcurrieron en un lugar donde convivían armoniosamente inmigrantes, provincianos y porteños. En el sur de la ciudad de Buenos Aires, pegado al Riachuelo, entre el puente Alsina y la avenida Caseros, el barrio de Nueva Pompeya era mi mundo.
A principios de la década del 60, desconocía los problemas políticos que afrontaba el presidente Arturo Illía y la proximidad del golpe militar. Entonces, solo las canciones del Club del Clan, los programas de televisión y los coloridos libros de cuentos atrapaban mi atención.
Vivía con mis padres y mi pequeña hermana en un PH que formaba parte de una antigua casa chorizo de la avenida Centenera, a metros de la calle Tabaré y la esquina de “Mano Blanca”.
Al frente del inmueble se encontraban la tienda de Bayur; un museo de cintas, botones y bobinas de hilo y la lechería de doña Magdalena, donde desayunaban y merendaban los obreros de las fábricas cercanas.
Don Bayur, un inmigrante sirio propietario de todo el complejo, compartía el primer departamento con su esposa, Yamili, su cuñada, Anisi, y su sobrina, Adel; tres mujeres que no dejaban de emitir gritos y lamentos en árabe. El segundo PH estaba ocupado por doña Magdalena, y su hija, Irma, la novia eterna de un inspector de una línea de colectivos que nunca se decidía a poner fecha de casamiento. Y en el cuartito de arriba se escondía un alemán silencioso.
Un largo pasillo comunicaba el primer grupo de viviendas con nuestro patio y PH. Al fondo nos custodiaba un matrimonio italiano formado por don Antonio, un vendedor de ajos del mercado municipal, y doña Filomena, mi guía y compañera de aventuras.
Filomena no tenía hijos y me había adoptado como su sobrina. Me llevaba a recorrer los negocios de la avenida Sáenz y a pasear por el boulevard de la avenida Roca, frente a la fábrica de televisores donde trabajaba mi papá. Mi lugar preferido era la Iglesia de Nuestra Señora de Nueva Pompeya. En el interior del templo, me gustaba subir la escalera hasta llegar al camarín, y en el patio, disfrutaba llenar mi vasito plegable del agua que emanaba de la fuente de la Virgen negra, en realidad era una estatua metálica que se había oscurecido por el paso del tiempo.
Además, Filomena tenía alma de periodista y quería ser testigo presencial de todos los acontecimientos del barrio y, por supuesto, yo la acompañaba. Juntas vimos a los bomberos apagar el incendio que destruyó parte de la fábrica de pinturas Alba, a las víctimas de una gran inundación del Riachuelo refugiarse sobre el puente Alsina, las secuelas de un accidente ferroviario en la estación Sáenz de la línea Belgrano, y otros que ya no recuerdo.
Pero nunca olvidaré el gran incendio que afectó la villa de la avenida Perito Moreno. Cuando llegamos, los bomberos ya habían apagado las llamas de la noche anterior. Era una mañana fría y nublada. Nos acercamos con respeto a los restos de las viviendas destruidas. Solté la mano de Filomena y me acerqué a una niña de mi misma edad, que parada sobre chapas y maderas quemadas me miraba fijamente. Sentí su dolor, desesperanza, soledad y desamparo.
Volví a mi casa con una gran tristeza, sin saber que ese sentimiento estaría presente en los momentos oscuros que se sucederían en mi vida. Ese día terminó mi primera infancia, etapa que quedó en el barrio de Nueva Pompeya.
Seguimos trabajando el concepto de marco espaciotemporal y nos trasladamos al barrio de Puerto Madero, con el cuento "Fumar debajo del agua", de Féliz Bruzzone.
Pueden leer el texto haciendo click acá.
A partir de la lectura de los cuentos, Nora realizó un análisis de diferentes aspectos de la narrativa de estos autores, que comparto con el curso:
Cuento | "Besos por Flores" | "Animetal" |
Autor | Alejandro Parisi | Leonardo Oyola |
Espacio principal | Centro comercial de Flores | KoreaTown, en el Bajo Flores |
Otros espacios | Villa Lugano, el recorrido del colectivo 38, Avenida Cruz, Olivera, Ramón falcón Rivadavia, atravesando los barrios de Mataderos y Floresta | Barrios limítrofes; Boedo, villa de los paraguayos, Flores |
Tiempo | Fines de la década del 80 o principio de los 90 | Fines de la década del 90 |
Lugares significativos | Teatro Fénix, Alpina Skate, Plaza Flores, una heladería | Calles Curapaligüe, Carabobo, Castañares, Zuviría, avenida del Trabajo. El video de Kyu-dong Min, el bar de Sangsoo Hong. La autopista. La parada de colectivos. La basílica de la Medalla Milagrosa |
Líneas de colectivos nombradas | 38 | 7, 26 y 132 |
Protagonistas | Dos adolescentes de 14 años; el narrador y Gabriela, su compañera de escuela | Sang-jin Kim, “Taekwondo”, un actor coreano de pansori Ticky-Taka, un mendigo Una adolescente con su bebé. Dos jóvenes a quienes les robaron un 206 El paraguayo Julio César Cabral y Godzila, los ladrones |
Vestimenta con carga simbólica | Narrador: Camisa hawaiana, zapatillas de Basquet Gabriela: vestido de John Cook color marfil. Chicos de Flores: chombas Lacoste color pastel y zapatillas importadas | Narrador: campera y pantalón Ticky-Taka: Montgomery sucio, polera y papeles de diario Víctima de robo: Campera de jean con corderito |
Bandas musicales nombradas | Soda Stéreo, Los Fabulosos Cadillacs, Depeche Mode, Los Redondos, New Order | Animetal; una banda japonesa que reproducía canciones (versiones) de canciones de animé al estilo metal. |
¿Qué simboliza el barrio para el protagonista? | Flores es para el protagonista como “Disleylandia” o Las Vegas. Se siente como un inmigrante en un espacio que no le pertenece. Se deslumbra con los edificios y comercios de un barrio de la Ciudad de Buenos Aires. Se encuentra incómodo porque su vestimenta se diferencia de la de los chicos del barrio. Pero elige ese lugar, tal vez el más lindo y exótico de los conocidos por él, para declararle su amor a Gabriela. En Villa Lugano, Gabriela es su compañera y amiga, en Flores, por un breve momento, un amor correspondido con besos. | Sang-jin Kim, “Taekwondo”, es un actor coreano de pansori, residente de Koreatown. Conoce la geografía del barrio, sus personajes, su idioma y costumbres. A todos aquellos que no son del barrio les hace sentir que no pertenecen a ese territorio apropiándose o dejando que otros se apropien de sus pertenencias, ya sea el auto, la ropa o la billetera. Defiende su identidad coreana, y se ofende si lo confunden con un japonés o un chino. El joven de origen coreano se identifica con un barrio porteño que le otorga identidad y sentido de pertenencia. |
Durante las próximas clases nos vamos a centrar en el marco espaciotemporal en que se desarrolla un argumento literario. Para eso, vamos a leer algunos cuentos, comenzando con "Besos por Flores" de Alejandro Parisi.
El parque estaba especialmente oscuro y desolado en este mediodía de primavera, cuando llegue, después de discutir con mi padre. Ya no escondíamos nuestro desamor. Solo una pareja conversaba. Me extrañó el tono de voz dulce, cálido, me hizo sentir protegida
—Te equivocaste de nuevo, admitilo —reclamó la mujer.
—No creo q haya sido mi error —contestó el hombre con altanería.
—¿Y los imprevistos? Tu optimismo hace que no los tengas en cuenta.
—Yo siempre busco el equilibrio. Ellos mismos se ponen los obstáculos.
—Con mas razón, si sabes eso deberías preverlos.
—Ellos tienen la capacidad de evitarlos, es su decisión dejar que los devoren.
—Eso no es del todo cierto, son como niños, tienen mucho que aprender.
—De todas maneras ya esta hecho, no puedo arreglarlo. Sabés que depende de él.
—Sí, lo sé y espero que haga algo y que no tengas problemas.
Giré para mirarlos y ya no estaban. En el parque había mucha gente y tenía su luz habitual en este mediodía de primavera.
Vacaciones del 2018, Córdoba .
Habíamos elegido como destino un lugar soñado rodeado de montaña imponentes, árboles gigantes y el río como marco. Francisco, mi marido, propuso viajar con una pareja de amigos, Sonia y Pedro, y a mí la idea me pareció estupenda.
Esa mañana, desperté y Fran no estaba a mí lado. Miré por la ventana y lo vi conversando con Sonia. Decidí levantarme y sumarme a la charla.
—No puedo, es mí amiga, tengo que decírselo —decía Sonia.
¿A qué se refería? Decidí escuchar la conversación sin que me vieran
—No hace falta que lo sepa, ya pasaron tantos años... —siguió diciendo Fran.
—No creo lo mismo, no soy partidaria de ocultar.
—No somos nosotros los que tenemos que decírselo y menos en este momento.
—Su padre intentó decírselo el día de su partida, pero se llevó el secreto con él —dijo triste Sonia.
—Los entiendo, la amaron con su alma entera. El miedo a perderla los paralizó
—Si yo fuese Lía, quisiera que me dijeran la verdad.
Escuché mí nombre y mi corazón se transformó en un caballo desbocado. ¿Qué cosa me ocultaban? ¿Qué era lo que debía saber?¿Qué fue lo que mí padre no pudo decirme?
—Dejemos que pasen estos días. Cuando regresemos, hablaré con ella y la acompañaré en lo que decida hacer. Volvamos, ya debe haberse despertado —terminó Fran .
Miré el cielo azul, sentí la aspereza del tronco en el que me apoyaba y escuché la voz del viento que me confirmaba lo que siempre sospeché.
Sala de teatro. La función está a punto de comenzar. Ingresa una señora con su entrada en la mano y se dirige al encuentro del acomodador que se encuentra en el pasillo, del lado izquierdo y a la altura de la primera fila.
Acomodador: Buenas noches.
Señora: Buenas noches.
Acomodador: ¿Me permite su entrada, señora?
Señora: Cómo no.
Acomodador: Venga por aquí. (le señala la primera fila). Deje los tres primeros asientos libres, después de esas cuatro señoras, deje los tres siguientes y pase por delante de esos dos matrimonios. Que disfrute la obra.
Señora: (en voz alta, casi gritando). Señor... ¡quedé en el pasillo opuesto!
Acomodador: Ssss...no grite. La función está por comenzar. Regrese por fila dos y trate de no incomodar a los espectadores.
(regresa y está otra vez con el acomodador)
Señora: ¡Cómo es posible! Pagué 1500 pesos, la función comenzó y aún no he podido sentarme.
Acomodador: No necesito que me recuerde el precio de las localidades. Hace 28 años que trabajo en el teatro.
Señora: Entonces podrá decirme cuál es mi ubicación.
Acomodador: ¿Me permite otra vez su entrada?
Señora: Cómo no.
Acomodador: Ahora sí. Ingrese con cuidado por fila tres, la única butaca libre es la suya. Disculpe y que disfrute la obra.
Señora: (visiblemente contrariada) Señor... alguien ocupó mi lugar, no encontré ningún asiento libre. Estoy otra vez en el pasillo opuesto.
Acomodador: Si continúa gritando me voy a ver obligado a pedirle que abandone la sala. Hable en voz baja y regrese por fila 7.
Señora: (regresa y una vez mas está con el acomodador) Usted a lo que está obligado es a ubicarme, para eso pagué.
Acomodador: No hace falta que me lo recuerde.
Señora: Mire lo único que yo sé es que tengo mi entrada y por lo tanto exijo...
Acomodador: No empecemos con exigencias porque...
Señora: No sé cuál es el problema. Esta es mi entrada en la que se lee claramente fila 1.
Acomodador: Ya empezamos mal. Lo que se lee claramente es F1.
Señora: ¿Y eso que quiere decir ?
Acomodador: Fire one.
Señora: ¿Cómo?
Acomodador: Claro, es para el caso de incendio. Según el operativo de seguridad, en caso de tener que evacuar la sala, a usted le corresponde hacerlo por puerta 1 y de ahí lo de Fire one.
Señora: ¡Jamás escuché semejante cosa!
Acomodador: Por lo visto hace mucho que la señora no viene al teatro.
Señora: Sea como fuere, lo que no podrá discutirme es el asiento: me corresponde el No. 20.
Acomodador: Siento decirle que A 20 no es asiento 20 sino After twenty es decir que puede ingresarse a la sala después de las 20 hs. Ya que la función comienza a las 20.30 hs.
Señora: ¿Me quiere decir qué hago? Va a comenzar el segundo acto.
Acomodador: No se preocupe, algún lugarcito le vamos a encontrar.
Señora: ¿Cómo algún lugarcito? Yo pagué mi entrada.
Acomodador: Lo único que falta es que se la agarre conmigo que soy un simple empleado.
Señora: Créame que no fue mi intención.
Acomodador: A esta altura lo que importa es ubicarla. Vea, ingrese por fila 21 y ocupe cualquier asiento que vea libre.
Señora: Señor... es la última fila y el único asiento libre es el último.
Acomodador: No sabe cuánto me alegro.
Señora: Usted sí pero yo no. La obra terminó. Exijo una reparación.
Acomodador: Señora... no complique las cosas. ¿La ubiqué o no la ubiqué ?
Señora: Aprecio su esfuerzo. Voy a permanecer hasta reponer fuerzas, no hice más que caminar durante toda la función.
Acomodador: Eso sí que no. La entrada le da derecho a permanecer en la sala durante la función y debe abandonarla una vez finalizada
Señora: Pues yo no me muevo de aquí hasta estar recompuesta
Acomodador: Personal de seguridad, retiren a esta persona como sea. Así no se puede trabajar.
Charla inoportuna
El interno 302 de la línea 166 transita por la avenida Gaona atravesando el frío aire de la mañana. Los vidrios empañados de la unidad y la tenue luz del amanecer otorgan un aire de intimidad. El sonido del motor gasolero parece arrullar a los pasajeros, que añoran el calor de sus camas. Sin embargo, el cuchicheo de voces femeninas desentona con el ambiente somnoliento. Dos mujeres sentadas en los asientos, que se encuentran delante de la puerta trasera, hablan sin parar. Parece inevitable escuchar su conversación, aunque a nadie le interese.
—Va a ser una fiesta grandiosa. El salón es enorme y tiene un parque de ensueño.
—¿Ya lo alquilaste?
—Aún no. Apenas tenga los dólares, lo seño.
—A mi hija le hubiese gustado tener su fiesta de quince, pero apenas pudimos hacer una reunión familiar en casa. Eran tiempos difíciles, como ahora. ¿Cuándo fue distinto?
—Bueno, nosotros tampoco podemos. Pero nos llegó este regalo del Cielo.
—¿Regalo? ¿Y del Cielo? Yo le pondría otro nombre.
—Bueno, che, una oportunidad que aprovechamos.
—¿Oportunidad? Descubrir un tesoro que tiene dueño no es una oportunidad.
—Shhhhhh. El “dueño” está tan perdido que ni recuerda su nombre. Seguro que si se muere, las polillas comerán esos lindos billetes verdes. Soy sólo una madre que quiere cumplirle el sueño a su hija. Vos harías lo mismo.
—No. Mi hija tiene un hermoso recuerdo de la reunión que le organizamos. Y sabe que fue lo mejor que le pudimos regalar en ese momento.
—Mi hija es distinta. Tiene proyectos, ambiciones. La tuya se conforma con poco.
—Mmmmmm…
—¿Qué? No respondés porque sabes que tengo razón. Mi hija va a brillar. Ya lo verás.
—Ya lo veremos. Me bajo acá porque tengo que hacer unas compras antes de llegar al trabajo. No creo que regresemos juntas porque voy a ir a visitar a mis padres esta tarde.
—Entonces, hasta mañana. Te espero en la parada, como siempre.
—Tal vez…
Suena la chicharra. El colectivo frena, se abre la puerta y una señora baja. Ahora solo se escucha el ronroneo del motor.
El Secreto
Había caminado unas cuantas cuadras, no estaba dispuesto a tomar un medio de transporte en medio de la pandemia, especialmente ante las restricciones por la cuarentena.
Llegó a la plaza. Era uno de los lugares que más lo inspiraba: el verde, el sonido del viento y el movimiento de los pájaros le generaban sentimientos de relax y paz. Se dispuso a disfrutar sentándose en uno de los bancos. Se veía muy poca gente por los alrededores.
Después de un rato, comenzó a sentir frío. El día estaba algo nublado y el sol apenas entibiaba el aire. Tenía necesidad de tomar algo caliente. Dudó de ir a un bar, pero vio que hacia la Avenida había un lugar pequeño y pintoresco, con mesas afuera. Con paso apresurado se dirigió hacia el lugar, observando que dos mujeres habían tomado la misma decisión, ocupando la mesa contigua a la suya, distante acorde a los protocolos establecidos en el momento actual. Pidió una taza de chocolate caliente y un par de churros, le encantaba esa combinación, esos olores le traían recuerdos de su niñez y de las celebraciones de cumpleaños
Estaba ensimismado en sus pensamientos, cuando la conversación de sus vecinas de mesa despertaron su curiosidad.
Con cierto enojo y aire de preocupación la mujer mayor, rubia decía
—…Tenés que decírselo, no podés tener secretos ni sostener esto por más tiempo.
—Pero no me animo, tengo miedo de perderlo todo, especialmente su confianza.
—Si no lo comprende es señal de que no te quiere lo suficiente.
—Siempre hemos considerado que el respeto y la confianza son pilares indispensables para mantener el amor.
—Bueno, pero esto pertenece a tu pasado, a tiempos anteriores a iniciar la relación.
—Él siente tanta admiración por mí, por mi trabajo en el hospital, que sería terrible que todo se desvaneciera en un instante. Yo era muy joven y muy insegura, afronté la situación sola, secretamente tomé decisiones que pueden parecer egoístas, pero sentí que ese doloroso desprendimiento estaba fundamentado en el amor.
—Y ahora el pasado emerge a tu vida como una nube negra que ensombrece y puede destruirlo todo.
—¡¡Así lo siento!! El hecho es que me necesitan, me buscaron y se contactaron conmigo. El trasplante de riñón es necesario y urgente y puedo ser la donante, me lo exige el vínculo inquebrantable hacia ese ser y sobre todo el amor.
El tono de voz de la mujer mayor se endulzó y como acariciando con sus palabras a su compañera le dijo:
—Creo que la verdad, aunque le duela en un principio, por tu temor a su reacción, va a acrecentar el respeto y el amor hacia vos. No temas…
La conversación de la cual él fue testigo pasivo, brindó a su imaginación el posible argumento para su próxima novela.
El cuento de Ernest Hemingway, "Colinas como elefantes blancos", nos muestra dos personajes en conflicto casi por completo a través de su diálogo. Pone al descubierto sus deseos conflictivos con apenas una palabra de descripción de ninguno de ellos, y sin que ninguno de ellos mencione explícitamente de qué están hablando en realidad.
Como todas las mejores historias, comienza cuando dos personajes entran en un bar. Se describen solo como "el hombre" y "la muchacha". Piden cerveza, que es bastante natural en un bar. Hasta que tengan la cerveza frente a ellos, son solo una pareja que encuentra un bar en un día caluroso. Como cualquiera podría hacerlo en estas circunstancias, la mirada de la niña vaga hacia una línea distante de colinas y hace una observación ociosa: "parecen elefantes blancos" y se da un intercambio.
Ese intercambio no es tan ocioso como su comportamiento hasta ese momento nos había hecho esperar. ¿Por qué la respuesta un poco mordaz de la niña al hombre diciendo que nunca ha visto un elefante blanco? ¿Y por qué se pone a la defensiva, como si ella lo criticara diciendo que era el tipo de hombre que no habría visto un elefante blanco? ¿Y por qué cambia de tema tan pronto como él se pone a la defensiva?
No sabemos de qué se trata, pero hay algo más que un par de cervezas entre estos dos. Si en lugar de hablar de ello se están atacando unos a otros por elefantes blancos metafóricos, debe ser importante. Luego vuelven a hablar sobre lo que están bebiendo y vuelven a ser cordiales. En este punto, podemos ver que las bebidas son un tema seguro que pueden discutir sin discutir. Si una reflexión sobre el paisaje fue suficiente para comenzar, no pueden quedar muchos temas seguros para ellos.
Y la seguridad de la conversación sobre las bebidas dura poco. La muchacha no está enferma, pero se va a operar para "dejar entrar el aire", lo que va a resolver algo que la hace infeliz. La palabra "aborto" es mucho más poderosa que si alguno de los dos la hubiera pronunciado.
El intercambio también nos muestra mucho sobre cómo cada uno de ellos ve su relación. El hombre ve su embarazo como un cambio no deseado. Él cree que una simple operación eliminará el problema y los devolverá a su antigua felicidad. Sin embargo, la descripción de sus vidas de la muchacha, de que todo lo que hacen es probar bebidas nuevas y mirar cosas, nos dice que ella no ve las cosas de la misma manera. Si lo hiciera, no tendría que preguntarle al hombre por qué cree que estarán bien después.
Si lo hubieran dejado allí, probablemente nos llevaríamos la impresión de que el hombre la presionó para que abortara, pero no es tan simple. El hombre no insiste en su aborto. Ella quiere volver a sus días más felices tanto como él, pero ve más lejos que él. Ella le pide que le asegure que la operación hará eso por ellos. Si hubiera preguntado una vez y regresado a su bebida, podríamos inferir que estaba tranquila. Cuando vuelve a preguntar, nos muestra que todavía está insegura y, habiendo establecido que sus palabras no son tranquilizadoras, sabemos que no se sentirá tranquilizada por más de ellas.
En caso de que nos lo perdiéramos, ella anuncia que no se preocupa por sí misma, lo que plantea la pregunta de qué es lo que le importa. El hombre, presumiblemente. Puede que él le haya dejado la decisión a ella, pero ella lo ha hecho basándose en lo que él quiere. Tal vez sea porque reconoce la situación por lo que sigue hablando indirectamente, o tal vez sea porque no quiere destruir su relación con un niño que él no quiere.
Ahora es la muchacha la que quiere volver al terreno seguro de la bebida, tal vez con la esperanza de que la introducción del alcohol en la conversación excluya la emoción tan eficazmente como la introducción en sus cuerpos la anulará de sus mentes.
La preocupación del hombre es genuina. Le ha dicho que no quiere que ella haga nada que ella no quiera, pero una vez más, el poder reside en lo que él no ha dicho. Él no le ha preguntado si realmente quiere tener un hijo o le ha prometido quedarse con ella si lo desea. Él no puede ver, o elige no ver, que ella elige entre él y el niño y ella lo ha elegido a él. No va a cambiar su decisión, pero pesa sobre ella. Cuando concluye la historia, sabemos que la verdad es exactamente lo contrario de lo que dice: "-Me siento muy bien -dijo ella-. No me pasa nada. Me siento muy bien".
La prosa de Hemingway es característicamente cruda. No hay una sola mención de su tono de voz o expresiones faciales, y mucho menos de sus pensamientos tácitos. Todo está en su elección de palabras, y más en las palabras que no hablan que en las palabras que dicen.
El mero hecho de que apenas mencionen lo que están hablando nos muestra lo importante que es para ellos, y también muestra un rasgo muy humano que todos podemos reconocer. Solo las personas que se conocen bien discuten sobre si alguno de ellos pudo haber visto un elefante blanco o no. Dichas disputas están restringidas a personas que comparten una historia, que discuten sobre trivialidades para evitar discutir sobre algo que ocupa la mente de ambos. El hombre y la muchacha nunca expresan su opinión sobre el tema que importa, pero nos muestran exactamente cómo se sienten al respecto. Revela mucho más sobre los personajes que si simplemente hubieran hablado sobre si la muchacha debería abortar o no.
Durante las próximas semanas, trabajaremos con el cuento "La autopista del sur". Para acceder a la lectura del cuento, pueden hace...